La Universidad de Chile entrega al país, en su calidad de la primera universidad estatal en funcionamiento, tanto en antigüedad como en calidad de educación; profesionales, investigadores, creadores y, ante todo, ciudadanos preparados para ser un aporte al desarrollo del país. Para que este proceso formativo sea integral la Universidad cuenta varias direcciones, en la que está, además de las áreas de desarrollo académico, la Dirección de Bienestar Estudiantil (DBE), organismo dependiente de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos, cuya finalidad es atender el conjunto de necesidades no cubiertas totalmente por la formación académica regular.
Dentro de su ámbito de acción, este organismo genera políticas de desarrollo basadas en un componente profesional paralelo a una significativa, amplia y directa participación de los propios jóvenes. Le corresponde, además, responsabilizarse por la igualdad de oportunidades y condiciones para cada uno de los alumnos, buscando disminuir los efectos adversos generados por los desequilibrios propios del sistema, apuntando así a un mejoramiento integral de la calidad de vida de los estudiantes y de la Comunidad Universitaria en general.
La Dirección está a cargo de diversas actividades y programas relacionados con el bienestar estudiantil, lo que incluye, entre otras, las siguientes áreas: Salud (Servicio Médico y Dental); Programas de Bienestar (Becas de atención socioeconómica, Hogares Universitarios, Apoyo Preescolar); Beneficios Estudiantiles (Pase Escolar), además de apoyo a las actividades extracurriculares estudiantiles (Premio Azul).
La necesidad de dar lugar a aquellos que abandonan el hogar y se enfrentan a una nueva experiencia educativa hace que aparezcan las residencias universitarias. La Universidad de chile se hace cargo de esa necesidad, es por eso que los hogares han sido durante muchos años parte de la Universidad de Chile. Existen tres residenciales destinadas a dar alojamiento a los estudiantes provenientes de región, cada una identificada con un nombre: Paulina Starr, Juan Gómez Millas y Mario Ojeda. Este último el único destinado para las mujeres.
Los hogares universitarios han probado ser necesarios y fundamentales para el desarrollo de los jóvenes, que con escasos recursos económicos, han dejado su tierra y familia en búsqueda de nuevas oportunidades en la capital. Los hogares de la Universidad de Chile no han sido la excepción. Por ellos han pasado un centenar de provincianos y provincianas que hoy son parte importante de los grandes profesionales de Chile.
Son los hogares en su esencia los que alimentan la esperanza de poder estudiar en la universidad más importante del país, aquella que desde sus orígenes emana aires de libertad y pluralismo. Sin ellos, la gran mayoría de estos estudiantes no podría haber conseguido un techo, una cama, comida, un espacio para el estudio, ni menos una familia con una gran cantidad de hermanos. La oportunidad de progreso social e intelectual en estos espacios, es a juicio de los estudiantes, uno de los últimos vestigios que se puede encontrar de lo que alguna vez fue la educación superior pública del país.
Si ingresar a la Universidad de Chile conlleva un crecimiento intelectual importante para los alumnos, éste se ve maximizado en el diario vivir de los hogares. En los espacios comunes es normal ver a los residentes conversando sobre los temas más misceláneos de la vida. Así, el ingeniero puede verse envuelto en una discusión sobre la existencia humana con un filósofo, químico, psicólogo, etc. lo que nutre aún más el desarrollo intelectual de los estudiantes de la Universidad de Chile. Un feedback que hace falta a nivel de toda la universidad.
En definitiva los hogares de la Universidad de Chile dan progreso y bienestar, crean comunidad fraterna, aportan a una formación íntegra y mantienen vivo el espíritu de “La Chile”.
jueves, 28 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario